Una inesperada situación médica encendió las alertas este jueves por la noche en el escenario político argentino: Juan Grabois, referente del Frente Patria Grande y figura central de los movimientos sociales afines a la ultraizquierda y al kirchnerismo, fue atendido de urgencia en el sanatorio Cemic de Saavedra tras sufrir un fuerte dolor en el pecho.
La noticia se conoció rápidamente y generó preocupación en distintos ámbitos. Sin embargo, según confirmaron desde su entorno a TN, el dirigente ingresó solo a la institución médica, donde le realizaron estudios que descartaron una afección grave: “Ingresó con dolor de pecho, pero está bien”, fue la versión oficial transmitida a los medios.

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Minutos más tarde, el propio Grabois se encargó de aclarar la situación desde su cuenta de X, aunque no sin aprovechar la ocasión para deslizar críticas, polarizar con opositores y levantar una bandera política en medio del revuelo. “Fui por un dolor en el pecho. El diagnóstico coronario que gente inescrupulosa y sin límites éticos filtró y difundió preocupando a mis familiares, amigos y compañeros es completamente falso. Todos los estudios me dieron bien”, aseguró en la publicación.
En su descargo, también envió un mensaje desafiante a quienes celebraron la posibilidad de una afección más grave: “A los que se alegraron leyendo el falso diagnóstico, lamento decirles que acá estamos para seguir combatiéndolos un largo rato, hasta el último suspiro”. Y no se quedó ahí: “Insisto, estoy muy bien, pero si así no lo fuera, por cada uno de nosotros que se vaya van a nacer miles. No nos van a ganar porque nosotros no nos rendimos nunca”.
El episodio de salud, lejos de ser abordado con reserva o mesura, se transformó rápidamente en un nuevo vehículo para la prédica ideológica del dirigente. En ese sentido, Grabois también aprovechó el mensaje para referirse al sistema sanitario nacional: “El sistema público de salud, que junto al de educación supo ser el orgullo de la Argentina y un factor de igualación social, ya estaba en crisis. Ahora lo están intentando matar”, denunció, sin precisar nombres ni políticas concretas.

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Desde su posición como docente universitario, remarcó que cuenta con cobertura médica a través de DOSUBA, y destacó a quienes lo atendieron: “Reconozco a los trabajadores de limpieza, camilleros, kinesiólogos y enfermeras que son el corazón del sistema de salud, aunque los traten como personal de segunda. Por supuesto, también a los médicos que no se creen miembros de una casta superior y tratan dignamente a sus pacientes y compañeros de trabajo”.
Por último, cerró su intervención con un llamado a la militancia emocional, apelando a su habitual retórica de lucha social: “Les agradezco de corazón y les pido que nos preocupemos por los pibes, las pibas y pacientes sometidos al descarte, la desnutrición, el abandono, el abuso, los padecimientos mentales, las drogas, el grooming, la humillación, la crisis en las escuelas y hospitales públicos”. Y concluyó: “Gritemos por ellos, porque la catadura moral de una sociedad -y por ende de cada uno de nosotros- se mide por cómo trata a sus niños, a sus abuelos, a sus enfermos. Los militantes estamos para dejar la vida por ellos”.
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