El vandalismo se realizó en la Universidad Nacional de Córdoba y en el Parque Las Tejas. El colectivo “La Imaginación al Poder” pegó afiches, colgó una bandera de 16 metros y proyectó consignas a favor del terrorismo. Las acciones se difundieron en redes sociales con la consigna en apoyo a grupos terroristas.
Las organizaciones antisémitas responsabilizaron a Israel por un supuesto “genocidio e infanticidio” en Gaza. En sus publicaciones hablaron de más de 60.000 muertos y de miles de personas al borde de la muerte. Se trata de cifras y expresiones falsas que replican la narrativa de grupos radicalizados.
La Universidad Nacional de Córdoba no emitió comunicado sobre el uso político de sus espacios. El silencio institucional generó cuestionamientos sobre la neutralidad educativa. Se reavivó el debate sobre el uso de edificios públicos con fines militantes.

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Narrativa selectiva y silencio sobre Hamas
El colectivo no hizo mención alguna a Hamas, grupo terrorista que gobierna Gaza con prácticas represivas. El mismo es responsable de ataques contra civiles israelíes. La omisión evidencia un relato selectivo que invisibiliza a víctimas si no encajan en la ideología dominante.
Sectores de izquierda avalan estos actos de vandalismo bajo el argumento de la libertad artística. Sin embargo, se trata de acciones que legitiman organizaciones violentas. En Gaza, Hamas persigue mujeres, homosexuales y disidentes, lo que contradice las banderas progresistas que dicen defender.
El uso del arte como herramienta militante busca instalar una narrativa unilateral. Presenta al pueblo palestino como víctima uniforme sin distinguir civiles de terroristas. Esta estrategia apela a la emocionalidad y limita el análisis crítico.

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Uso de la Universidad Pública para hacer política de extrema izquierda
El vandalismo puso en discusión el rol de la UNC frente a expresiones políticas. La universidad, como institución pública, debe garantizar pluralismo. No puede ser escenario de propaganda ideológica financiada con recursos estatales.
Expertos señalan que la permisividad institucional erosiona la confianza en el ámbito académico. El silencio frente a manifestaciones sesgadas debilita la neutralidad universitaria. Se cuestiona además la falta de límites claros frente a actos de adoctrinamiento.
El uso de recursos simbólicos y edificios universitarios para propaganda no es un hecho inocente. Implica tomar posición en un conflicto internacional complejo. Este accionar contradice principios republicanos de imparcialidad, equidad y respeto por la ley.

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